NOTES
[1] La “virilidad” sería un aspecto sobresaliente de la narrativa de la masculinidad hegemónica, entendida esta última como “una posición más en las relaciones de género (con la feminidad)” siendo “la posición dominante y estructurante del orden de los géneros”. (Forastelli, 2002: 116).
[2] Para Butler, lo abyecto designa “aquellas zonas “invivibles”, “inhabitables” de la vida social que, sin embargo, están densamente pobladas por quienes no gozan de la jerarquía de los sujetos, pero cuya condición […] es necesaria para circunscribir la esfera de los sujetos. […] El sujeto se constituye a través de la fuerza de la exclusión y la abyección, una fuerza que produce un exterior constitutivo del sujeto, un exterior abyecto que, después de todo, es “interior” al sujeto como su propio repudio fundacional” (butler, 2002: 20).
[3] “En Argentina los años sesenta constituyen una época ‘bisagra’ entre el auge del modelo de la domesticidad y la organización de pautas de organización familiar sobre nuevos presupuestos como el divorcio, la integración de la mujer al mercado de trabajo, la difusión de las uniones consensuales y la natalidad fuera del matrimonio. […] los emprendimientos culturales jugaron un papel significativo en el cuestionamiento del modelo de domesticidad y en la promoción de nuevas actitudes hacia la familia, la pareja y la sexualidad en el contexto de una renovación completa del escenario cultural” (Cosse, 2006).
[4] Lo que D.W. Foster denomina “modelo paradigmático Wilde-Bosie, que ubica tradicionalmente la representación literaria de la homosexualidad en terrenos del sufrimiento, de la tragedia y de lo patético” (Ruiz, 2006: 297).
[5] Un ejemplo de esta última modalidad sería el personaje del ex peluquero Guastavino, alias Pechuga, en Cayó sobre su rostro de David Viñas (1955) quien trabaja en el prostíbulo de Cañuelas que frecuenta el protagonista de la novela, el General Antonio Vera, ex comandante de Roca. Guastavino aparece retratado con los tonos grotescos y tragicómicos de un figurante, sin ninguna interioridad subjetiva. Sería interesante contrastarlo con el protagonismo de la Manuela de El lugar sin límites de José Donoso.
[6] En la reedición de Asfalto de 2004, el autor insertó a continuación de la novela un “Compendio evocador” en el que incorporó una serie de documentos de la época referidos, en su mayoría, al escándalo que provocó su publicación: artículos de diarios, revistas, comentarios radiales, racontos de la peripecia judicial, etc. Todas las citas provienen de ese “compendio” que lleva una numeración aparte de la novela.
[7] “Empleando conceptos existencialistas que estaban de moda entre ciertos escritores de la época, el autor ilustra el moderno y filosófico ‘problema del ser’ y su correspondiente alienación, ansiedad y mezquindades, conectándolo directamente con el deseo homosexual en una cultura homonegativa. […] el principal problema existencial del protagonista es el hecho de ser forzado a crear una auténtica existencia dentro de un mundo que juzga su deseo sexual como desviado e indigno” (Brant, 2004: 120).
[8] Es interesante ver, por ejemplo, de qué manera E. Martínez Estrada, en ese remedo del Facundo que escribe en 1956 con el título de ¿Qué es esto? Catilinaria, homosexualiza a Perón quien será presentado, entre otras cosas, como un sodomita, surgido de una sociedad secreta de “pederastas ambiciosos” (martínez estrada, 2005: 153), en tanto que el peronismo es descrito como “un brote vergonzante de la homosexualidad” (martínez estrada, 2005: 351) y las masas populares feminizadas y patologizadas con los rasgos propios de la prostituta. Resulta curioso el énfasis explicativo de un fenómeno socio-político en las arenas de la sexualidad desviada, como si allí se encontrara la clave que viniera a echar luz sobre esta nueva barbarie criolla.
[9] Pensemos que una de las formar de aludir al proceso inmigratorio de los sectores populares que llegaron a los grandes centros urbanos entre los años 30 y 50, fue precisamente la de “aluvión zoológico”.